· Carta Misionera · Familia Monteiro ·

Mientras el viento intentaba arrancar el techo, Dios preparaba el próximo destino

Una historia de fe, tormenta y el próximo paso rumbo a Chile

Esa noche, el ruido de las chapas de metal siendo levantadas por el viento era aterrador. Ahí estábamos nosotros — nuestra familia, nuestros dos hijos pequeños, nuestra border collie caminando agitada, nuestro yorkshire inquieto — tratando de mantener la calma mientras todo temblaba a nuestro alrededor.

Afuera, los vecinos corrían para ayudar. En medio de la lluvia, atamos cuerdas, sujetamos cables y sostuvimos el techo para que no se lo llevara la tormenta. Mientras sosteníamos, orábamos clamando en voz alta. Porque sinceramente, por unos momentos sentimos miedo.

Algunas iglesias de la región perdieron completamente el techo esa noche. Pero aquella pequeña iglesia se mantuvo en pie. Después vinieron días sin energía eléctrica, sin internet, sin comunicación. Y cuando volvió la luz, estuvimos un día entero sin agua. Hay momentos en que las cosas simples adquieren un peso enorme cuando uno está lejos de casa, cuidando a la familia en medio de tantas incertidumbres.

Pero fue justamente en medio de esa semana caótica que llegó el mensaje que cambiaría nuestros próximos pasos.

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Para contarlo bien, necesitamos volver un poco en la historia.

Hace algunos años dejamos Brasil para seguir lo que creíamos era el llamado de Dios para nuestra familia. Fuimos a la región de frontera entre Paraguay y Argentina. Ahí, mientras trabajábamos de forma remota para sostener nuestra casa, comenzamos a desarrollar reuniones de oración, adoración y comunión. Fue hermoso ver brasileños, paraguayos y — bueno, como suelen llamarles — ‘gringos’, caminando juntos, buscando la presencia de Dios.

En ese período, algo comenzó a crecer silenciosamente dentro de nosotros: Chile. Parecía lejano. Casi improbable. Pero existía un deseo profundo de algún día servir en esa región.

Antes de eso, sin embargo, entendimos que necesitábamos un tiempo de preparación. Fuimos a Uruguay, realizamos un entrenamiento misionero y tuvimos la oportunidad de servir durante algunos meses en una iglesia en el corazón del país. Amamos ese lugar. Amamos la simplicidad, la gente, y ver nacer hambre por la oración y la presencia de Dios. Creemos de verdad que Dios está comenzando algo precioso en esa nación.

Pero había una realidad que no podíamos ignorar. Como familia, necesitábamos encontrar equilibrio entre el servicio y el cuidado de quienes dependen de nosotros. Después de mucha oración, entendimos que necesitaríamos salir del interior de Uruguay y volver a la frontera para reorganizar nuestra vida, buscar trabajo remoto, estabilizar las cosas. Fue una decisión difícil, y todo pasó tan rápido que ni siquiera pudimos despedirnos bien de muchas personas queridas.

Los días siguientes fueron intensos. Buscábamos lugar para quedarnos, intentábamos encontrar internet donde fuera posible. Algunas noches, el auto se convirtió en nuestra única opción de refugio — nosotros, los chicos y los perros. Y seguíamos haciendo lo que aprendimos a lo largo de este camino: orar y seguir avanzando.

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Fue entonces que un pastor amigo nos invitó a ayudar temporalmente a una pequeña congregación que estaba prácticamente cerrando sus puertas. Al principio, había apenas 3 personas en los cultos. Hoy, en pocas semanas, ya somos entre 12 y 14 personas reunidas, además de otras familias interesadas en comenzar a congregarse. Puede parecer algo pequeño, pero para nosotros, ver vida naciendo nuevamente en ese lugar fue un recordatorio poderoso de que Dios trabaja en los escenarios más improbables.

En ese mismo período, sufrimos un accidente con nuestro auto. Gracias a Dios nadie resultó herido, pero el auto tuvo que ir al taller justo cuando más lo necesitábamos. Y entonces llegó la tormenta. Y los días sin luz, sin agua, sin comunicación.

Fue en ese medio que llegó la carta.

Una carta oficial de una base misionera en el sur de Chile, invitándonos a formar parte del trabajo que desarrollan en esa región.

Cuando la leímos, nos quedamos en silencio. Porque hacía aproximadamente un año y medio que habíamos orado específicamente por esa región. En ese momento parecía apenas un sueño lejano. Pero mientras el viento intentaba arrancar el techo, Dios ya estaba preparando el próximo destino.

Fuimos invitados para:

  • Impartir entrenamientos misioneros;
  • Capacitar jóvenes y adultos para el servicio;
  • Apoyar iglesias locales de la región;
  • Participar en el desarrollo de una Casa de Oración en asociación con la base;
  • Llevar vida, esperanza y el amor de Jesús.

Después de reuniones online y mucha oración, entendimos que ese era realmente el próximo paso. Y aunque cansados, aunque sin todas las respuestas, aunque después de todo lo que vivimos en las últimas semanas, decidimos decir “sí” una vez más.

Porque creemos que hay momentos en que la fe tiene que ser más grande que el miedo.

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Ahora tenemos pocas semanas para mudarnos a Chile e iniciar este nuevo capítulo.

Es por eso que les estamos escribiendo. No solo para compartir nuestra historia, sino porque creemos que nadie construye algo así solo. Y quizás ustedes sean algunas de las personas que Dios desea usar para ayudarnos a llegar hasta allá.

Si sienten eso en el corazón, pedimos dos tipos de apoyo: sus oraciones, y si es posible, ayuda financiera para esta mudanza.

Los recursos serán usados para:

  • Viaje y traslado de la familia hasta Chile;
  • Instalación inicial y documentación;
  • Sustento durante los primeros meses del nuevo trabajo.

Creemos que quienes ayudan a sostener una misión también dejan su huella en cada vida alcanzada.

Cada persona entrenada.

Cada joven despertado.

Cada iglesia fortalecida.

Cada tiempo de oración levantado.

Todo eso también lleva un poco de las manos de quienes decidieron caminar con nosotros.

CÓMO CAMINAR CON NOSOTROS

INTERNACIONAL · TARJETA

Contribuir vía GoGetFunding (Acepta múltiples monedas — Tarjeta Internacional)

PIX ⋅ BRASIL

Clave PIX

42999685410

Nubank // Edison Monteiro L. Junior

Gracias por leer hasta acá. Gracias por cada oración y por cada gesto de cariño a lo largo de nuestro camino.

Seguimos avanzando. Porque si Dios nos sostuvo en medio de la tormenta, creemos de todo corazón que Él también abrirá camino hasta el próximo destino. Y quizás, de alguna forma, vos hagás parte de ese camino.

Con cariño y gratitud,

Familia Monteiro

¿DUDAS?

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